El Verdolaga se impuso 1-0 con el corazón mirando al sur y con un cabezazo de Emanuel Dening encadenó tres victorias al hilo. El triunfo llegó en una de las plazas más difíciles del torneo, cortándole al Aurinegro una racha de 25 partidos sin conocer la derrota como local.
El estadio Abel Sastre venía siendo terreno prohibido para los visitantes en la Primera Nacional. Deportivo Madryn no había perdido allí en sus últimas 25 presentaciones como local; la última caída en casa databa de la primera fecha de la temporada 2025. En ese contexto, cualquier resultado positivo del Verdolaga podía considerarse valioso.
Ferro no llegó a Chubut a especular. Salió a jugar asumiendo una identidad, esa que, con algunos desajustes, Sara trató de implementar desde su llegada. El acotado triunfo con Mitre tras la salida de Rondina y la floja actuación en la caída con Almirante Brown no daban la sensación de una mejora sustancial, aunque se podía ver una propuesta más audaz.
La opacidad se fue aclarando con la goleada en Bolivar y el primer triunfo en meses en Caballito contra Defensores de Belgrano, donde aún con problemas para subsanar desbalances entre el mediocampo y la defensa, la actitud y la fluidez ofensiva mejoraron y brindaron un panorama más alentador.
Frente al conjunto patagónico, Ferro fue claramente superior durante la mayor parte del encuentro.
El técnico repitió el equipo que venía funcionando, con Fernando Monetti de regreso en el arco. La estructura inicial fue un 4-3-3 que se fue inclinando levemente hacia un 4-4-2 que prefirió no tener en demasía la pelota y y optimizó recursos para bloquear los espacios donde Madryn intentaba hacer daño, sobre todo por el carril derecho. Ángel González cumplió allí una doble función: tapar la salida rival y ser el arranque del ataque verdolaga por ese sector.
El corazón del equipo fue una vez más Felipe Obradovich que volvió a demostrar una madurez futbolística que asombra por corta experiencia: salió a interceptar, anticipó jugadas, filtró pases entre líneas y con Matías Kabalín a su lado, fueron dándole al conjunto el equilibrio necesario para proponer sin arriesgarse.
En ese engranaje, Enzo Hoyos actuó volcado hacia la izquierda, generando profundidad con habilitaciones a espaldas de los laterales rivales, lo que le dio al equipo una verticalidad constante sin descuidar el funcionamiento colectivo.
Nazareno Solís, la clave futbolística local, nunca pudo imponerse, en gran parte porque el medio verdolaga le cerró todos las vías. Ferro aprendió de los errores del pasado y anuló toda la creatividad local.
Lo merecía y lo concretó
El primer tiempo terminó sin goles, aunque Ferro fue levemente superior. Dening había rozado el palo con un remate en una de las mejores ocasiones del partido, señal de que el gol estaba cerca. La cosa cambió en el complemento.
A los 19 minutos del segundo tiempo llegó la acción principal. Obradovich dio un pase filtrado que encontró a González en carrera por la derecha; el número 7 levantó un centro medido al área y allí apareció Emanuel Dening para imponerse en el salto sobre Facundo Giacopuzzi y clavar el balón en el ángulo, sin que Yair Bonnin pudiera hacer nada. Fue el tercer gol del torneo para el delantero de Oeste.
Desde ahí, Sara reordenó el equipo con el ingreso de Gonzalo Castellani y Gino Olguín, priorizando el control del partido. El Verde bajó el ritmo de manera deliberada, achicó aún más las líneas y evitó riesgos innecesarios cerca de su área. Madryn intentó reaccionar, trajo al colombiano Mauricio Cuero y a Pío Bonacci, pero nunca encontró claridad para generar situaciones reales de peligro. La única instancia de riesgo verdadero fue una chilena de Giacopuzzi que Monetti controló sin mayores inconvenientes.
Tres en fila y la inevitable ilusión
Con este resultado, Ferro suma 21 puntos y escala hasta la quinta posición de la Zona A, a solo dos unidades del líder. El equipo abrocha su tercera victoria consecutiva, luego de los triunfos ante Ciudad de Bolívar y Defensores de Belgrano, y empieza a mirar hacia arriba con fundamentos reales para hacerlo.
Ferro fue consistente, pulió el libreto que venía esbozando con creces e inevitablemente nos trae de vuelta a la ilusión de que el despegue se consolide.
Sin que nos diéramos cuenta, pasamos de la amargura y el desconcierto a tener un panorama optimista.
Créalo.


