Ferro Carril Oeste cerró una semana de sacudones con una foto que resume todo: victoria afuera, arco en cero y debut ganador de Juan Manuel Sara. En Santiago del Estero no hubo lujos, ni promesas; más bien hubo un equipo que entendió el contexto y aprovechó su oportunidad. Por eso el 1-0 es corto en el marcador, pero largo en lo que representa: fortaleza anímica para el primer trazo de una nueva identidad en construcción.
Un plan claro desde el primer minuto
Desde el pitazo inicial se vio la intención. De hecho, el 4-3-3 no fue un mero esquema decorativo, sino una declaración de principios: Campos como eje, García y Parisi abiertos, y Acosta como referencia incansable. En ese sentido, Ferro quiso salir jugando, presionar alto y recuperar cerca del arco rival. Si bien no lo logró con fluidez, pero la idea nunca se negoció.
Aguantar el momento
El arranque fue del local. Mitre empujó, urgido por salir del fondo y presionado por su gente; así, buscó por las bandas y merodeó el área visitante. Sin embargo, fue más ruido que peligro. En respuesta, la última línea verde mostró sobriedad: Ozuna y Kihm se plantaron firmes por los costados, mientras que Canto y Zubowicz anticiparon y ordenaron desde la zaga central. Monetti, cuando le tocó intervenir, lo hizo con seguridad. De este modo, Ferro aguantó sin desordenarse, sin rifar la pelota, sin entrar en la desesperación que el contexto proponía.
Toma del control
Con el correr de los minutos, el partido empezó a inclinarse. De a poco, el uruguayo y el Toro ganaron presencia en el área santiagueña, mientras que Acosta merodeaba cerca buscando su chance. En consecuencia, Ferro creció sobre todo desde la derecha, con un Kihm menos lanzado que en la era Rondina, pero igual de convincente. Justamente por ahí llegó la más clara del primer tiempo: una jugada bien tejida que dejó a Kabalín de frente al arco. El remate buscó destino de red, aunque se fue cerca del palo y no hubo ley del ex. Aun así, el Verdolaga daba señales de vitalidad y ponía en jaque la posesión infructuosa del aurinegro.
Ferro llegó más y un poco mejor que su anfitrión; sin embargo, no lograba dar la puntada final, un problema que arrastra a lo largo del torneo: merecer, pero no concretar.
La lectura desde el banco
El segundo tiempo exigía otra cosa, y Sara lo entendió. Por eso, el ingreso de Hoyos por Campos cambió la dinámica. Menos pausa, más vértigo y mayor presencia entre líneas. A partir de ahí, Ferro empezó a encontrar espacios que antes no existían. Luego, las entradas de Olguín y Castellani terminaron de equilibrar el medio. Así, sin ser un aluvión, el equipo mostró un crecimiento sostenido.
El golpe justo
El partido se resolvió en una jugada que explica todo el proceso. Hoyos encaró con decisión hacia el área; entonces, Minissale llegó tarde y el penal fue inevitable. Mateo Acosta asumió la responsabilidad y, esta vez, no dudó. Sin estridencias, pero con nervios y una seguridad implacable: zurdazo furibundo, arquero al otro lado y gol. Su primer grito en Ferro, justamente en el momento que hacía falta. Al fin y al cabo, el fútbol suele exigir eso: estar preparado para lo crucial.
Cierre con autoridad
Con la ventaja, Ferro no se desordenó. Por el contrario, bajó unos metros, ajustó líneas y dejó que el reloj jugara a su favor. Mitre sintió el golpe y, desde entonces, su gente empezó a impacientarse, mientras las ideas se diluían. Monetti casi no tuvo trabajo, y la única clara del cierre fue para Ferro en los pies de Dening; no obstante, Ledesma le negó el segundo en el mano a mano. En definitiva, no hizo falta más: el equipo entendió cómo cerrar el partido sin sufrir.
Una victoria que abre el camino
No fue una exhibición, pero sí una victoria justificada. Ferro ganó con seriedad, inteligencia y oportunismo. Además, volvió a quedar a las puertas del Reducido y, sobre todo, empezó a reconstruir una versión más vertical, como la de las primeras fechas, que con el correr de los partidos se había desdibujado. Ahora, el desafío es sostenerla.
Una vez más, el próximo compromiso en Caballito aparece como la medida real para saber si este impulso se transforma en tendencia. Porque, si bien ganar afuera ilusiona, también hacerse fuerte en casa es lo que te posiciona para pelear por cosas importantes. Tarde o temprano, las rachas se cortan. Si no, que le pregunten a Mateo.
Mitre
Ferro


