Ay, Ferro. Otra vez. Otra noche que te deja con esa amargura similar a la de estar viviendo una condena perpetua.
Almirante Brown nos ganó 1-0 con una idea simple: aguantar atrás y pegar de contra. Y Ferro, con la pelota en los pies, otra vez no supo qué hacer. El equipo de Juan Manuel Sara quedó atrapado en su propia ansiedad, sin respuestas para romper el mismo planteo que todo conjunto visitante nos propone.
El penal que cambió todo (y nos puso cuesta arriba)
A los once minutos, se desordenó todo. Un centro sin demasiado peligro, la pelota se va al brazo de Matías Zubowicz. Jugada desafortunada, sí, pero evitable. Penal. Y gol de Gustavo Cabral.
Otra vez corriendo de atrás en casa, consecuencia de salir al campo como si se tratara de un entrenamiento.
Y ahí llegó el baldazo de realidad. Porque ese gol no solo puso en ventaja al rival: también despertó los peores síntomas del Verde. Apuro, imprecisiones, ansiedad. Todo junto y demasiado temprano.
La pelota la tuvimos nosotros, pero sin rumbo
El libreto fue clarito. La Fragata se paró con un 4-4-2 que tras la ventaja mutó sin tapujos a un 4-5-1; ordenado, ultra compacto, sin problemas para ceder la posesión. Ferro, por su lado, intentó hacerse dueño del partido con un 4-3-3 que nunca terminó de redondear.
Los voluntariosos Parisi y García intentaron abrir la cancha, Campos buscó generar juego pero acusando un bajo nivel, Acosta se bancó en solitario la pelea por ser referencia de área. ¿Pero lo principal? Faltó claridad. Faltaron ideas.
Tuvimos la pelota, sí. Pero una posesión incómoda, apurada pero sin velocidad, tampoco una pausa que te permita leer mejor la cancha. Todo transcurrió sin crear sociedades ni profundidad real. Las llegadas fueron tibias, a veces rezándole a una pelota parada, y ninguna molestó de verdad a Bruno Galván.
El equipo parecía jugar contra el reloj… cuando recién empezaba a correr. Lo de siempre.
Nos acordamos tarde de que había un partido
El complemento arrancó igual, hasta que Sara movió el banco. Ingresó Enzo Hoyos y en cierto modo cambió la cara del equipo. El ex Chacarita aportó justo lo que el trámite y el sentido común pedían: criterio. Se hizo dueño del medio, conectó líneas y le dio algo de sentido a la circulación.
Ahí sí, el Verdolaga empezó a empujar con más lógica que desesperación. Llegaron centros más precisos, aproximaciones más limpias que dieron lugar a situaciones claras. Kabalín exigió de tiro libre. Obradovich probó de afuera. Acosta ganó en el área y metió un cabezazo que se estrelló en el palo, con el arquero ya vencido, y también le fue anulado un gol por supuesto fuera de juego.
Ángel González tuvo la más clara de todas, una de esas que en cualquier otro partido termina en gol, menos en Caballito. Le robó la pelota a Cabral, quedó mano a mano… y definió débil. Demasiado débil para lo que exigía el contexto.
Empujón final, pero sin premio
Entró Jonathan Menéndez y le sumó un poco más de ritmo al ataque. Más movilidad, más decisión. Ferro fue con todo en los minutos finales, empujado por la calentura de la gente y la necesidad.
Centros, rebotes, segundas jugadas… pero el gol no apareció.
Ni con los siete minutos de adición alcanzó. Porque cuando Ferro encontró algo de claridad, ya era tarde. Los de Casanova tenían el partido cocinado desde aquel penal y se regodeaba con la ineficacia local.
Lo que deja esta derrota
El balance es el mismo que podría hacerse en la mayoría de comentarios de cualquier torneo. Ferro hizo el gasto, llevó cierta iniciativa y mostró una leve mejoría en el tramo final. Pero reincidió en la toma de malas decisiones.
El equipo fue ansioso y careció de precisión en los metros finales. Acosta peleó en soledad durante largos pasajes. Los extremos insinuaron, pero no resolvieron. Y el circuito de juego apareció recién cuando el partido ya estaba cuesta arriba.
El penal marcó un quiebre, claro. Pero no justifica todo. Ferro dispuso de más de 80 minutos para darlo vuelta y no lo consiguió.
Doce puntos, y el reducido, tan lejos pero tan cerca
Ferro suma 12 puntos en la Zona A y empieza a mirar la tabla con más preocupación que ilusión. Tenía una chance inmejorable de volver a meterse en la pelea y volvió a desperdiciarla. Y seguirá siendo así si no se hace fuerte en Caballito. Cualquier aspiración se diluye repitiendo noches como esta.
Falta carácter, falta claridad, falta contundencia. Siempre queda la sensación de dar un paso adelante para después retroceder dos.
En casa hay que sumar de a tres, no seguir acumulando lamentos.
Ferro
Almirante Brown


