Una historia de devoción, vandalismo, restauración y señales que se fueron encadenando hasta el partido del lunes.
CREER O REVENTAR
Por Felipe “Toto” Evangelista
El año anterior, cuando la posición del equipo amenazaba con caer de nuevo en la desgracia del descenso, fuimos a buscar la imagen de la Virgen de Luján vandalizada en 1999 y recuperada por el recordado “Negro” Fantuzzi, ex intendente de la institución.
Aquella noche frente a Colegiales, la Virgen nos mandó un mensaje: la trajimos sin medio cuerpo, con la carita en pequeños pedazos dentro de la poca imagen que quedaba. Pero una foto publicada en los grupos, desde una lectura espiritual, decía que la Virgen quería estar con nosotros.
Después vinieron las opiniones de quienes pensaban que a una imagen tan deteriorada se la debía enterrar. Por supuesto que ni loco lo iba a permitir. Fantuzzi la había transformado en un objeto de devoción: creía que lo había salvado de dos enfermedades graves de las que muchos pensaban que no se recuperaría, y por eso nunca quiso desprenderse de ella.
La búsqueda del restaurador
No encontrábamos restaurador. Le había encomendado esa tarea a mi hija Marina, que vive en Canning y es catequista de la Iglesia San Agustín de esa localidad. Pasaron los días, los meses.
El primer mensaje me lo dio en enero Damián Ferro, un muralista al que convoqué para realizar un mural en el interior del Viejo Buzón. Cuando coordinamos la visita me dijo que tenía que andar por Caballito el sábado siguiente, y así fue. Lo increíble es que cuando le pregunté por qué andaba por Caballito, me contestó que había escuchado la nota del árbitro del partido Ferro-River, donde el ex presidente Marcelo Corso agredió la imagen y la rompió dejándola hecha pedazos en el piso.
Olé había publicado la anécdota del partido contra Colegiales con el título “La ayuda divina que tuvo el triunfo agónico de Ferro”, y seguramente el ex árbitro la leyó y por eso relató su vivencia en una radio rosarina. Damián no sabía nada de la historia ni que yo había estado tratando de restaurar la Virgen. Entonces quiso desagraviarla: fue a comprar una imagen en Luján y ese sábado la trajo, colocándola en el lugar donde estaba la original: el túnel que hoy está restaurando el Museo del club.
La señal del 7 de mayo
Pero la señal más fuerte llegó el viernes 7, a horas de conmemorar el Día de la Virgen de Luján, que es el 8 de mayo.
Mi hija Marina, que todavía no había podido cumplir con el encargo de conseguir quien la restaurara, me llamó ese día para contarme algo. El Padre Gabriel, párroco de San Agustín de Canning, sabiendo que somos de Ferro, le contó que uno de los miembros de esa comunidad le había pedido un cura para bendecir la cancha de Ferro, porque no podía creer la mala racha en los partidos de local que venía sufriendo el equipo.
Ese hincha y socio había llamado al club, lo ubiqué y averigüé que se trataba de Sergio Medviginer, vecino de Ezeiza. Sergio me contó que el Padre Gabriel le había recomendado al Padre Mario Inchauspe, de la Parroquia Nuestra Señora de Luján de Longchamps, también hincha de Ferro.
La restauración en 48 horas
Le pedí a Marina que me trajera la imagen de inmediato, aunque no hubiera conseguido restaurarla. Cuando abrió la caja, se dio cuenta de que la reparación que le había realizado originalmente el Negro Fantuzzi se había despegado. Fue desesperada al restaurador, Silvio González, vecino también de Ezeiza, quien increíblemente la restauró en 48 horas.
La ceremonia en el estadio
Ayer lunes, antes del partido, nos encontramos con el Padre Inchauspe, quien al estilo Papa Francisco se tomó el tren Roca y el subte A para venir a nuestro bar El Viejo Buzón. Nos juntamos con Sergio y Marina, y juntos fuimos al estadio, donde nos esperaba Oscar D’Auria, de la Subcomisión de Museo e Historia del Club, que está restaurando el viejo túnel donde se encontraba originalmente la imagen.
Realizamos una sencilla ceremonia. Luego el Padre Mario Inchauspe y Oscar la devolvieron al lugar donde estaba cuando fue vandalizada en 1999, mostrando en su cara las heridas que dejó la historia —como en la vida misma del club y sus desencuentros—. El túnel está detrás del arco que da espaldas a la nueva tribuna local, y ahí estaba la Virgen frente a los hinchas otra vez, como antes, cuando jugábamos en Primera y les ganábamos a los grandes.
Y en ese arco, Ferro convirtió
Casualmente, en ese arco Ferro convirtió el gol, y Ruiz, el arquero, salvó increíblemente el tanto del empate de Defensores en el segundo tiempo.
La Virgen seguramente debe escuchar los rezos del Arzobispo García Cuerva y los dos curas: Mario Inchauspe, de la Parroquia Virgen de Luján de Longchamps, y Toto Vignale, capellán del Hospital Garrahan, para que Ferro vuelva a Primera.


