El tablero marcó una derrota durísima. El recorrido hasta hoy, en cambio, deja motivos para sentirse orgulloso.
Ferro cayó 88 a 54 ante Gimnasia en el quinto partido de las semifinales de la Liga Nacional y quedó a un paso de volver a disputar una final. El resultado fue amplio, demasiado amplio para una serie que durante cuatro partidos mostró una paridad absoluta, pero no alcanza para borrar lo que construyó este equipo durante toda la temporada.
Porque si algo hizo Ferro en esta Liga fue seguir empujando sus propios límites. Después de quedarse en cuartos de final ante Boca Juniors, que terminaría levantando el título, el Verdolaga volvió más fuerte y logró dar otro paso hacia adelante.
En una cancha difícil, ante uno de los mejores localías del campeonato y con una serie acumulando desgaste físico y emocional, el Verdolaga no encontró respuestas después de un primer cuarto equilibrado. Gimnasia aprovechó su momento, golpeó fuerte en el segundo período y construyó una ventaja que terminó siendo imposible de remontar.
Ferro salió firme al campo
Los primeros diez minutos confirmaron que nadie había llegado al quinto juego por casualidad.
El conjunto verdolaga salió concentrado, agresivo y dispuesto a disputar cada pelota como si fuera la última. José Defelippo, Alejandro Diez y Jano Martínez marcaron el ritmo ofensivo de un equipo que respondió a cada intento de escapada local.
El trámite fue intenso, físico y parejo. De esos partidos en los que cada posesión vale más que dos puntos.
Martínez clavó un triple para adelantar al Verdolaga y durante varios pasajes el equipo de Federico Fernández logró imponer sus condiciones. Pero sobre el cierre aparecieron los lanzamientos de Martiniano Dato y Federico Grun para que Gimnasia se llevara una ventaja mínima.
El 21-19 dejaba la noche abierta.
Gimnasia empieza a consolidar su juego
A veces las series se definen en detalles. Otras veces, en diez minutos.
El segundo cuarto fue eso para Ferro.
Sebastián Carrasco ingresó desde el banco y cambió el ritmo del partido. Gimnasia encontró confianza, aceleró en defensa y comenzó a capitalizar cada error visitante.
Las pérdidas empezaron a acumularse para el Oeste y cada balón perdido terminaba del otro lado en puntos. Lo que hasta entonces era un trámite cerrado empezó a abrirse lentamente.
Marcos Chacón dominó cerca del aro, Carrasco aportó energía y eficacia, y el conjunto patagónico construyó un parcial que terminó marcando la historia del encuentro.
Cuando sonó la chicharra del entretiempo, Ferro estaba abajo 51-33.
La diferencia era importante. No imposible. Pero exigía una reacción casi perfecta.
El intento de volver al partido
Los de Caballito salieron del vestuario enfocados en revertir la malaria. Porque algo que nunca se le puede discutir a este grupo es que jamás deja de competir.
Defelippo encontró puntos rápidos, Ale Diez peleó cada rebote y durante algunos minutos pareció que Ferro podía volver a meterse en juego.
Pero cada vez que amagaban con descontar, los de Comodoro respondían contundentemente.
Dos triples consecutivos de Toretta y Cisneros volvieron a estirar la distancia y apagaron el impulso de la remontada.
La expulsión de Bryan Carabalí generó un momento de tensión y pareció abrir una pequeña puerta, pero el local encontró respuestas en Carlos Rivero y mantuvo el control.
El triple de Rodrigo Gallegos, a menos de tres minutos del cierre del parcial, pareció encender una luz de esperanza para un Ferro que venía peleado con el aro y perdía por 19 puntos. Sin embargo, la reacción no logró sostenerse. Las pérdidas volvieron a aparecer y la falta de eficacia ofensiva impidió recortar la diferencia, permitiéndole a Gimnasia ingresar al último cuarto con una cómoda ventaja de 71-46.
El final de una serie enorme
Los últimos diez minutos sirvieron para confirmar el resultado y para valorar el recorrido.
Alejandro Diez fue una de las figuras más regulares de Ferro durante la noche. Jano Martínez siguió empujando hasta el final. Como todo el equipo.
Las estadísticas explican una parte importante de la derrota: 19 pérdidas contra apenas 8 de Gimnasia. Demasiadas concesiones ante un rival de semejante jerarquía y en una cancha donde cada error se paga caro.
Los números no cuentan toda la historia
La historia también dice que Ferro volvió a jugar una semifinal. Que llevó a un quinto partido a uno de los candidatos al título. Que volvió a ganar un título internacional con la Liga Sudamericana. Que obtuvo el subcampeonato en la Copa Islas Malvinas y terminó subiéndose a la vanguardia de una competencia durísima. Y que logró que el básquet volviera a ocupar un lugar central en la vida cotidiana de muchos hinchas verdolagas.
Los que vivimos los años difíciles, los que vimos a la actividad pelear por sobrevivir cuando parecía imposible imaginar noches como estas, sabemos que el dolor de quedar afuera convive con otra sensación.
Cuando la temporada termine de decantar y el sabor amargo de esta eliminación quede atrás, probablemente lo que permanezca sea la obra de Federico Fernández, quién prometió defender la ilusión de Ferro hasta las últimas consecuencias. Y cumplió.
Su equipo llegó más lejos de lo que muchos imaginaban. Lo hizo en una competición donde casi todos los rivales directos contaron con mayor presupuesto, planteles más largos y rotaciones más profundas. Lo hizo prácticamente sin extranjeros. Lo hizo atravesando las lesiones que apartaron primero a Eduardo Vasirani y luego a Facundo Piñero, rearmándose una y otra vez. Lo hizo afrontando distintos momentos sin poder contar con piezas fundamentales como Alejandro Diez, Emiliano Lezcano o Jonatan Torresi. Lo hizo encontrando respuestas donde parecía no haberlas.
Mientras otros construían desde la abundancia, Ferro debió hacerlo desde el trabajo. Mientras otros podían reemplazar ausencias con variantes similares, el Verdolaga se sostuvo en la identidad colectiva. Y cuando hizo falta una mano inesperada, apareció incluso un jugador como Anthony Peacock, el único foráneo del plantel y con escasos minutos desde su llegada en febrero, para dejar en la memoria un doble agónico que definió la serie ante Regatas y ya forma parte de los recuerdos de esta campaña.
Nada fue sencillo. Nada fue lineal. Todo fue más laborioso, más artesanal y más a contramano. Pero justamente por eso tiene más valor.
La semifinal perdida en Comodoro no modifica el recorrido. Al contrario: confirma el trabajo de un entrenador que devolvió a Ferro al lugar donde su historia indica que debe estar, peleando entre los mejores. Volvió a hacer que muchos hinchas acomodaran su semana para estar en La Catedral y vibrar con sus guerreros. Volvió a hacer que Caballito se identificara con un equipo, con un estilo que va más allá de los resultados. Una vuelta a las raíces de un club que ayudó a cimentar la historia de la Liga Nacional.
Para quienes atravesamos las épocas más oscuras y aprendimos a valorar cada paso hacia adelante, esta temporada quedará como una de esas que explican por qué nunca dejamos de creer.
Ojalá haya Fede para rato.
Comodoro Riv.
Carril Oeste


