En una tarde-noche cargada de emociones en el Arquitecto Ricardo Etcheverri, Ferro empató 1-1 frente a San Miguel por la segunda fecha de la Primera Nacional, en un partido atravesado por el dominio verdolaga, varias polémicas arbitrales y un desenlace que hizo estallar a Caballito. El equipo de Sergio “Huevo” Rondina fue superior durante largos pasajes, generó las situaciones más claras y recién encontró el premio en el último suspiro. Por eso, el punto fue más dulce que agrio.
Con la camiseta negra alternativa, Ferro mostró desde el inicio una versión convincente. Hubo personalidad para asumir el protagonismo, circulación prolija en la mitad de la cancha con Obradovic y Castellani, movilidad constante en ataque con Denning y Acosta, y profundidad por las bandas a través de Ángel González y Cuzzani. El trámite, sin embargo, fue equilibrado en la primera mitad. San Miguel se mostró ordenado y apostando al error del local. De una desinteligencia verdolaga, tuvieron su llegada de riesgo.
Cuando el entretiempo parecía sellado en cero, llegó el golpe. A los 44 minutos, luego de que Gonzalo Pereira omita un claro penal sonbre Denning, un centro preciso encontró la cabeza de Bruno Nasta, que definió con autoridad para el 1-0. Un baldazo de agua fría en Caballito, pero que había tenido su alerta.
En el complemento Ferro se adueñó del juego y transformó el partido en un monólogo. Empujó con la dinámica de Denning, probó desde afuera con Castellani, insistió por arriba con Acosta y encontró claridad en los pases filtrados de Obradovic. El arquero Lungarzo respondió con intervenciones decisivas y sostuvo a su equipo cuando el empate parecía inminente.
La polémica no tardó en aparecer. Promediando la segunda parte, un centro al área chica derivó en una definición de Acosta que el árbitro Gonzalo Pereira convalidó en primera instancia. Sin embargo, tras revisar la acción, anuló el tanto por una supuesta infracción en ataque, considerando que el 9 de Ferro tuvo una actitud peligrosa contra el hombre de San Miguel al buscar el balón. La reacción fue inmediata: reclamos encendidos desde el banco, incredulidad en las tribunas y la sensación de que el Verdolaga volvía a quedarse con las manos vacías pese a hacer los méritos suficientes.
San Miguel, fiel al estilo de Gustavo Coleoni, se replegó con todo su equipo en campo propio y apostó a que el reloj jugara a su favor y aprovechar los espacios que dejara Oeste en busca de la paridad en el marcador. Rondina respondió con variantes ofensivas: ingresaron Ozuna, Parisi y Campos, y más tarde el uruguayo Franco García, quien terminaría siendo decisivo. Ferro no perdió la calma. Siguió moviendo la pelota con paciencia, buscando espacios y acumulando gente en el área rival.
La justicia llegó en tiempo de descuento, cuando el reloj ya marcaba casi 50 minutos del segundo tiempo y el partido se consumía. En la última avanzada, Misael Tarón se proyectó como un delantero más y lanzó un centro preciso al corazón del área. La pelota cayó justa para Franco García, que apareció con determinación y la empalmó de volea para clavarla en el ángulo. Golazo. Y con él, el estallido en Caballito: abrazos en el césped y las tribunas, desahogo, y la certeza de que, esta vez, el esfuerzo había tenido recompensa.
El empate no fue casualidad: fue consecuencia. Ferro hizo méritos para quedarse con algo más, mostró herramientas colectivas e individuales y, sobre todo, evidenció carácter para no resignarse ante la adversidad. El punto suma, pero también confirma una identidad en construcción: protagonismo, convicción y ambición.
Con cuatro unidades sobre seis posibles, el Verdolaga ya piensa en el compromiso contra Colón el próximo sábado a las 20:30 hs.

