Con un bombazo sobre la chicharra de Emiliano Lezcano, Ferro Carril Oeste se quedó con una de esas victorias que se gritan con el alma y se recuerdan por mucho tiempo. El Verde ganó 90-89 en el Cincuentenario y se metió en la final de la Copa Islas Malvinas donde se enfrentará a Obras, el clásico rival porteño.
Paridad inicial
Ferro salió a la cancha decidido a revertir su mal pasar de cinco derrotas consecutivas. Arrancó jugando con decisión y sin titubeos. José Defilippo rompió el cero con un triple madrugador y se convirtió rápidamente en el faro ofensivo del Verde: fue vertical, cargó de faltas al rival y atrás aportó cortes fundamentales al circuito formoseño. Alejandro Diez acompañó con oficio para equilibrar el juego interior y activo en el rebote, mientras Jano Martínez tomaba las riendas del equipo, administrando el ritmo y distribuyendo con criterio. Con esa dinámica, el Verde construyó una ventaja de hasta ocho puntos (5-13).
Pero La Unión reaccionó desde el perímetro: Acevedo castigó con dos triples consecutivos generados a partir de Gaskins para recortar a un parcial de 11-16, y Fernández frenó el partido para reordenar a los suyos. A la salida del tiempo muerto La Unión siguió limando la diferencia de a poco, pero Ferro aguantó con carácter y se llevó el primer cuarto 23-25, con una ventaja mínima que igual sabía a mucho jugando en Formosa.
Incidentes y cambio de rumbo
La Unión se adueñó rápido del segundo cuarto con Gaskins como factor clave, pero el partido cambió repentinamente mitad del parcial. Graterol golpeó con la pelota a Defelippo, ambos terminaron descalificados y Bettiga vio la técnica por protestar, en un momento en el que el marcador todavía estaba abierto. En medio de ese sacudón, Piñero erró sus libres y Elsener aprovechó para clavar un triple y estirar la diferencia a once (42-31), la máxima del local en la primera mitad.
Lejos de caerse, Ferro respondió con carácter. Alejandro Diez levantó la mano con un doble y un triple para achicar, Bettiga siguió siendo el eje desde adentro y Piñero se redimió para poner al verde a solo dos. Así, La Unión se fue al descanso arriba 47-45.
A tomar las riendas de nuevo
Ferro salió del vestuario con otra cara: más intenso atrás y mucho más claro para atacar. La defensa subió un cambio, la pelota empezó a viajar mejor y, desde ahí, el Verde construyó uno de sus mejores pasajes del partido. Gallegos castigó desde el perímetro para poner el 62-53 y marcar la máxima de nueve, una diferencia que por momentos invitaba a pensar en un cierre más controlado. Lezcano sumó desde la línea y Bettiga seguía fuerte en la pintura.
Pero el cierre del cuarto volvió a meter a La Unión en juego. Un par de desajustes le dieron aire al local: Marina aprovechó una continuidad tras falta para descontar, Beavers encontró espacios y fue recortando. Así, casi sin margen, el partido se fue apretando hasta el 62-60 con el que se cerró el parcial para que Ferro entre al último cuarto arriba.
Un desenlace incierto
El último cuarto fue una montaña rusa. La Unión salió bien sintonizada desde el perímetro: Elsener y Gaskins conectaron desde allí una racha importante, Beavers sumó desde adentro y el local estiró la diferencia hasta 12 puntos (83-71), con el partido aparentemente sellado ante un Ferro que no encontraba el camino y acusaba el desgaste de una rotación disminuida.
Pero, como decimos siempre, a este Verdolaga no hay que ponerle la lápida antes de tiempo.
Piñero encendió la mecha con un triple arriesgado asistido por Jano Martínez que devolvió la esperanza, y Ferro fue recortando punto a punto hasta ponerse 85-86 arriba, desatando el salto de sus compañeros desde el banco y redoblando el aliento de la hinchada que viajó desde Caballito. Jano Martínez, con 6 asistencias, 5 rebotes y un último cuarto descomunal, distribuyó la pelota y enderezó el rumbo hacia la remontada. El Ruso Bettiga (13 puntos, 75% en dobles) aportó solidez y carácter en las últimas posesiones, y el partido se fue cerrando, punto a punto, hasta que Ferro quedó a un solo golpe de la épica.
El cierre a puro Ferro
La bomba de Piñero llevó a Guillermo Narvarte a pedir tiempo muerto. En la ofensiva local, el “Faca” cometió falta sobre Acevedo y tuvo que retirarse por acumulación en un momento crucial. El jugador de La Unión fue a la línea y convirtió ambos: 87-86.
Ferro buscó el triple desesperado con Felipe Rodríguez. Falló. Gaskins tomó el rebote y recibió la falta: dos tiros libres. Convirtió ambos: 89-86. En la salida de Oeste, Beavers cometió falta sobre Jano Martínez a falta de 15 segundos. El base fue a la línea: convirtió el primero, falló el segundo y, tras varios intentos de captura, el rebote salió por la línea de fondo a favor de Oeste. 89-87 y una posesión para buscar el milagro.
Y entonces, como siempre, apareció el as del clutch.
Lezcano recibió la pelota, se balanceó sobre el perímetro, estudió el aro con frialdad y la soltó sobre la chicharra. Tres puntos. Adentro. 90-89. Los árbitros lo revisaron, pero todos sabían que era válido. La confirmación llegó y Ferro ganaba en Formosa con un triple sobre el final, como nueve meses atrás ante Boca en el Etchart. El tucumano se anotaba una página más en la historia del básquetbol verdolaga, que volverá a jugar otra final tras la obtención de la Liga Sudamericana.
Con doce puntos abajo, con las piernas cargadas, pero con el corazón intacto, otros podrían haber bajado los brazos. Pero estos gladiadores siguieron peleando, corriendo, defendiendo y creyendo en sí mismos cuando muchos ya se estaban regodeando con la caída.
Nunca, nunca los den por muertos.
La final espera

Este jueves 2 de abril, a las 22:30 horas, el Verde volverá a la cancha del Cincuentenario formoseño para disputar la final ante Obras Basket, que llegó a la definición tras eliminar a Independiente de Oliva en un partidazo que se resolvió en dos tiempos suplementarios (122-113), con Federico Zezular como gran figura con 28 puntos. Un duelo que huele a historia: Ferro y Obras se enfrentaron en los grandes clásicos del básquetbol metropolitano de finales de los 70 y principios de los 80 que hicieron vibrar a toda una generación. Cuatro décadas después, los mismos colores vuelven a verse las caras en una final.
Formosa
Carril Oeste


