Ferro Carril Oeste peleó, se sostuvo en partido y mostró pasajes de gran nivel, pero no le alcanzó: cayó 90-78 frente a Obras en la final de la Copa Islas Malvinas 2026. En el estadio Cincuentenario, el equipo de Caballito protagonizó una final intensa, cambiante y cargada de momentos, en la que estuvo al frente, resistió los embates y llegó con chances hasta el cierre.
El resultado final no refleja del todo lo que fue el desarrollo. Ferro compitió de igual a igual durante más de tres cuartos y vendió cara la derrota ante un rival que supo golpear en los momentos justos.
Un primer cuarto para ilusionarse
El arranque del Verdolaga fue tan sólido como contundente. Desde la primera posesión impuso condiciones: presión, ritmo alto y una circulación ofensiva que encontró siempre al hombre mejor ubicado.
Alejandro Diez encendió la mecha desde el perímetro junto con Emiliano Lezcano, todas conversiones bien construidas desde el juego colectivo. A su lado, Facundo Piñero y Valentín Bettiga acompañaron con decisión, ocupando bien los espacios y aprovechando cada desajuste rival.
Ferro no solo convirtió: también dominó los tiempos. Secó a los dirigidos por Rotelli, ganó los rebotes largos y corrió la cancha con inteligencia. La diferencia llegó a ser de 16 puntos, en un tramo donde todo parecía fluir naturalmente. El cierre 27-21 dejó la sensación de que el equipo estaba en control, con un impresionante 7/9 en triples.
El golpe que cambió el partido
Como suele pasar en las finales, el rival reaccionó. Obras ajustó su defensa, subió la intensidad y encontró respuestas desde la rotación. El partido cambió de tono.
Ferro entró en un pasaje incómodo: le costó encontrar tiros claros, perdió fluidez en la primera línea y empezó a sufrir el juego físico en la pintura. Obras aprovechó ese momento y construyó un parcial que dio vuelta el marcador.
Sin embargo, el Verde no se desmoronó. En medio de la adversidad, aparecieron nuevamente Diez y Piñero para sostener al equipo. Con arrestos individuales y carácter colectivo, Ferro evitó que la diferencia se ampliara demasiado y se fue al descanso abajo 46-50, todavía en partido y con la sensación de que había margen para reaccionar.
Un tercer cuarto de pura intensidad
La vuelta del entretiempo trajo nuevamente la mejor versión de Ferro. Con mayor agresividad defensiva y mejor lectura ofensiva, el equipo recuperó terreno y volvió a discutir el control del juego.
Rodrigo Gallegos y el “Faca” Piñero asumieron protagonismo con dos triples clave que levantaron al equipo, mientras la defensa volvió a incomodar al Tachero. Cada recuperación se transformó en oportunidad, y Ferro volvió a sentirse cómodo.
Pero la final ya era un intercambio constante. Felipe Rodríguez volvió a darle oxígeno desde el perímetro a Oeste pero el Aurinegro respondió con jerarquía, encontró puntos importantes en momentos sensibles y no permitió que el Verde pasara al frente.
En ese contexto apareció la figura que terminó inclinando la balanza: Tyler Sabin. El base de Obras tomó decisiones claras, encontró espacios y fue letal desde tanto en la pintura como en los tiros lejanos y fue determinante para echar paños fríos a favor de su equipo.
El desarrollo global del capítulo tuvo cambios permanentes en el dominio emocional y el empate en 63 al cierre del tercer cuarto reflejó esa paridad.
El cierre y la aparición del factor decisivo
El último cuarto comenzó con todo por definirse. Un triple del “Cartu” Gallegos le devolvió la ventaja (66-65) y encendió la ilusión. Pero la respuesta de Obras fue inmediata: Zezular sumó desde la línea para empatar y luego Felipe Inyaco apareció con un triple y dos intervenciones en la pintura para lograr una ventaja de 11 puntos que marcaría la tendencia.
Los dirigidos por Federico Fernández no supieron responder con eficacia, buscando lanzamientos externos sin mucha convicción.
Aún complicado y aturdido, Ferro no bajó los brazos y empujó con lo que tenía. Desde la línea, Lezcano y Bettiga recortaron la distancia y lograron ponerse a tiro nuevamente (72-79) a falta de 2:31. Sin embargo, no hubo continuidad en las acciones posteriores. Obras, desde la línea y con Sabin otra vez marcando un triple clave, manejó los tiempos y de a poco fueron apagándose las ilusiones de remontada. Se luchó, pero no pudo quebrar a un rival que fue más efectivo en el cierre y supo ejecutar con precisión cuando el partido más lo exigía.
Un desenlace que no opaca el camino
El golpe duele, porque Ferro estuvo ahí: construyó una ventaja importante, volvió a meterse cuando parecía que el trámite se liquidaba y llegó al último cuarto entero, hasta que los de Núñez aplacaron con eficacia la esperanza de la escuadra caballitense.
La derrota deja un halo de tristeza porque se estuvo a las puertas de otro título. Pero también deja certezas: este equipo se entrega, sostiene una identidad y compite incluso en un presente irregular respecto de su gran inicio de temporada. Demostró que tiene recursos para plantarse ante cualquiera y que solo necesita ajustar detalles para volver a hacerse fuerte, con la mira puesta en el regreso al Etchart el próximo domingo.
Ferro no pudo levantar la copa, pero salió de Formosa con algo igual de importante: la confirmación de que este equipo sigue dejando la vida por la camiseta. Continúa dando muestras de resiliencia y eso, quizá, vale mucho más que una victoria.
De pie, señores!
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