Dicen que los partidos se ganan y se pierden en los detalles, y el primer tiempo en el Etcheverri fue un manual de esa máxima. Ferro salió enchufado desde el pitazo inicial: presión alta, pelotazos largos para aprovechar la velocidad de Franco García —en su primera titularidad— y Mateo Acosta peleando cada pelota en el área chica rival. El ambiente lo pedía y el equipo lo intentó. Por momentos, el Verde mostró una ambición que parecía perdida.
Pero Los Andes no regaló nada. El conjunto de Lomas llegó con un plan claro: presionar arriba, recuperar rápido y atacar por los costados. Rodríguez y Villarreal, por la izquierda, fueron un dolor de cabeza permanente, complicando con centros cruzados que exigieron a la última línea de Oeste. Con el correr de los minutos, el juego se fue trabando y el trámite nunca terminó de fluir.
Los dos arqueros se convirtieron en protagonistas. Monetti manejó bien las salidas y se mostró seguro cada vez que fue exigido, transmitiendo confianza desde el fondo. Del otro lado, Sebastián López fue la gran figura: tapó un mano a mano, respondió ante los remates de González y Acosta, y le ahogó el grito a Ferro cada vez que parecía abrirse el camino hacia el gol.
Ferro administraba apenas mejor la pelota, aunque abusaba del pelotazo. Mientras tanto, Los Andes apostaba a dar el golpe sin levantar demasiado la perdiz. Todo parecía encaminado a un descanso sin goles, con la necesidad de replantear en el complemento.
Entonces llegó el último minuto fatídico, como había ocurrido exactamente un mes atrás frente a San Miguel. Un centro desde la izquierda, una distracción en la marca de Ferro por un segundo, y Julián Rodríguez apareció solo en el segundo palo para conectar de cabeza con precisión quirúrgica ante un Monetti que no pudo hacer nada. Pura efectividad de la visita ante un Ferro que proponía tímidamente y pagaba demasiado caro su ineficacia y desconcentración.
El desconcierto en el Verde se prolongó tras el regreso de los vestuarios. Apenas transcurrido un minuto del silbatazo de Manduca, Sergio Ortiz capturó un rebote fuera del área y sacó un remate violento que se clavó en el ángulo. El 2-0 no fue un balde de agua fría: fue directamente un misil que golpeó anímicamente al conjunto de Rondina.
Con la ventaja en el bolsillo, los de Lomas pasaron a manejar el ritmo del partido y a circular mejor la pelota, ahogando al mediocampo de Ferro, que no encontraba juego asociado ni formas claras de asistir a sus delanteros. Rodríguez, Ortiz y Villarreal formaron un muro difícil de penetrar. Ferro insistía con pelotazos para García y Acosta, y cada tanto lograba romper el cerco, pero allí volvía a aparecer Sebastián López para evitar el descuento verdolaga. Tan buena fue su noche que hasta el palo lo salvó cuando un cabezazo de Acosta, a los 22 minutos, se estrelló en el poste izquierdo.
A esa altura, Rondina ya había movido el banco en busca de mayor dinámica con los ingresos de Hoyos y Kabalin, en lugar de un apagado Castellani —que nunca logró meterse en partido— y de González, impreciso en la conducción de las contras. Más tarde, con el encuentro prácticamente definido, Jonathan Menéndez reemplazó a Martín Campos, quien mostró algunos chispazos pero no logró consolidarse, y Parisi ingresó por Acosta, demasiado aislado en ataque. Ferro intentó por todas las vías: córners consecutivos, pelotas detenidas y remates de media distancia. Hoyos tuvo la más clara con un zurdazo potente que López desvió con una atajada memorable. El empuje estaba, pero la confianza no.
El final llegó tras cinco minutos de adición que no modificaron la historia. Los Andes cortó una racha negativa en el torneo y consiguió su primera victoria en Caballito en una década. Ferro, en cambio, se fue entre silbidos e insultos a la comisión directiva, marcando su segunda derrota consecutiva. El equipo del “Huevo” suma apenas cinco puntos y vuelve a quedar envuelto en un clima de preocupación sin haber alcanzado siquiera la mitad de la temporada.


Ferro 4-4-2
Los Andes 4-4-2


